miércoles 1 de julio de 2009

¡Cállate y lee!: un homenaje al universo marginal de Henry J. Darger

Un accidente,
por lo sentido y lo vivido,
premeditado.

Gabriel U.S


Aquel que fuera internado en un sanatorio mental por tener “el corazón en el lugar equivocado”, por masturbarse obsesivamente cada ocasión que su virilidad se lo permitió, por ser quien fue y no tener duda ni miedo ante ello.

Se llamaba Henry J. Darger.


Lo imagino, lo veo, confinado al encierro que su mente le provee, construyendo su mundo de quince mil páginas, hablando con sus fantasmas acerca de la increíble e infortunada historia de las Vivians. Sí, es él, es el mismo, es quien escribe, pinta, ilustra, recorta, esculca en tu basura, deambula por el mundo con la apariencia y el olor de un indigente. No habla, prefiere callar. Calla porque le duele hablar, porque el mundo no le entiende y, muy seguramente, le incomoda ser juzgado. Lo cierto es que no le preocupa tanto ‘el qué dirán’ como a ti, que me lees, y lo lees, sin hacerlo, sin siquiera haber visto su obra, sin haber leído su mundo de imágenes tremendamente detalladas —al extremo— con minucia y perspicacia de relojero, construidas a partir de los remilgos de una infancia de pesadilla en la que todo fue como no debió serlo y, sin embargo, ocurrió de la única forma posible para permitirle matricularse bajo el calificativo de loco, enfermo de la cabeza, para que lo internaran en el manicomio. Allí no duró mucho, era sólo un jovencito traumado, temeroso, asustado, poseído por la babaza de su propio pensamiento, corroído por la soledad de la inexistencia. -
Sin un criterio científico que sustentara su permanencia en el asilo mental, lo liberaron, arrojándolo indefenso a la realidad. Fue entonces cuando desapareció para el mundo, para su país, su ciudad, su barrio. Se dio el lujo de no existir para nadie, excepto para el casero, para el dueño del apartamento que lo ocultó —fuera del manicomio— de la realidad impostada frente a sus narices y le abrió los ojos al otro mundo, ese que se esconde en su cabeza privilegiada, de la que todos pretendemos huir, porque nos dijo la verdad sin hacerlo, sin leerlo, sin siquiera haber tenido ocasión de escucharle, ni a él, ni a su voz —seguramente— ronca, de viejo borracho y loco; loco porque no es como tú, como él, como yo; loco porque unos piensan que en 1911 estranguló a una niña de cinco años en Chicago, llamada Elsie Paroubek.
-
Guardó por años el recorte de periódico con la noticia de la muerte de Elsie. Cada vez que pudo, lo mostró al que todo el que se cruzó por su camino, contando lo terrible de aquel deceso, reescribiendo con su relato la muerte de no ser el difunto del que se ocupan los diarios, sino el inexistente, el improbable, el irreal, el ilusorio, el inimaginable o simplemente el inenarrable ser humano que dedicó 40 años a escribir la historia de las Vivians. Es la segunda vez que las menciono sin saber que he vivido con ellas durante mi vida anónima, como la de él, cuando vivió, porque la fama le vino de muerto. ¿Fama por cuenta de qué? Fama por obsesivo, discreto, cretino, loco, maniático, excéntrico, perturbado, anormal, pervertido, desdichado, solitario, perdedor, indigente, vagabundo, pero por sobre todas las cosas, por haber escrito The story of the Vivians girls, in what is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm, caused by the Child Slave Rebellion*, un libro de aventuras, ilustrado con sus propios dibujos, que cuenta con 15 mil 154 páginas.

Pudo haber muerto de tristeza, atormentado por la soledad, ahogado con su propio semen, estrangulado por el recuerdo de una niña que no mató, pero que seguramente tuvo la intensión de hacerlo, sin conocerla, sin saber quién era o qué era, pues las Vivians, a diferencia de las mujeres conocidas por todos, tienen pene: es uno pequeño, minúsculo, ínfimo, erecto sólo en la intimidad. Así lo dejó consignado en su libro de vida, en su obra, la misma que hoy deslumbra a los círculos más excluyentes del arte contemporáneo neoyorquino, la que inspiró la carátula del Feels de Animal Collective, la canción Henry Darger de Natalie Merchant, el nombre de la banda de punk-rock The Vivians Girls, el documental Realms of the Unreal (2004), de Jessica Yu y, por último, esta entrada que sirve para rendirle homenaje a su vida y a su silenciosa obra.

*"La Historia de las Vivians, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la Rebelión de los Niños Esclavos", es el título del libro póstumo que encontró en 1973 Nathan Lerner, el casero de Darger, y que finalmente hizo que el autor norteamericano trascendiera a su propio confinamiento.

6 comentarios:

Nightwriter 1 de julio de 2009 10:05  

¿Cuántas páginas se necesitarían para recopilar capítulo a capítulo su desolada y aparentemente amarga vida? Aduzco que será tan interesante como podría llegar a ser leer la historia de las vivians. Otro mas al que la muerte le descubre el sublime universo de sus letras.

Bonito homenaje para Henry J. Darger.

Un abrazo!

.L Grrrl. 2 de julio de 2009 14:22  

Sorprendente entrada, más que nada porque no conocía a este gran hombre. Me ha encantado, me encanta su mundo, ya he visto algunas de sus pinturas... Y es lo de siempre, una pena ver cómo su obra no es reconocida hasta después de su muerte... Es algo que me cabrea. Gracias por pasar por mi blog, dejar ese comentario y hacerme conocer a Henry J. Darger; he estado leyendo algunas de tus entradas, me gusta mucho conocer gente que además escribe y hace tan buen uso de las letras.
Además he leído que eres periodista (una de mis metas).
Un saludo ^^.

Angry Girl 4 de julio de 2009 11:27  

No lo conosco.

Solo puedo decir que son los escritores los seres a los que menos les importa el "que diran". Ellos son si los mas trastornados, y eso solo lo digo para decir que ellos si se atreven a mostrar sus perversiones, que todo ser humano posee. Trastornado no es una palabra que se use solo para los supuestos trastornados, todos estamos trastornados, solo que pocos se atreven a mostrar su demencia como lo escritores.

.L Grrrl. 5 de julio de 2009 6:29  

Es lo que intento hacer; resulta raro decir que me siento bien cuando estoy mal, pero siento que es cuando mejor escribo y cuando más me llena.
Gracias, :).

Paula Andrea Marín C. 6 de julio de 2009 11:01  

Bastante sorprendida y conmovida.
Gracias por esta entrada.

La ReiNa Roja 9 de julio de 2009 16:28  

Que entrada mas pasional!!! me encantan este tipo de historias, donde alguien si se atrevió a vivir su locura sin ser presumido y vivió con sus pajazos mentales...Súper y va el mismo reclamo.

Saludo

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