viernes 23 de octubre de 2009

Prisión Ella: los ojos negros

—fragmento—
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Me mira de frente con esos ojos grandes negros que brillan porque se me da la gana y no por el capricho de la luz que los baña. Lo hace con desidia, casi con odio, porque no soy el hombre, pero estoy ahí y eso es lo que cuenta. La escucho, sin oírla, porque sólo yo puedo hacerlo y eso lo agradece con el silencio de un beso casi robado. Sin que me hable, desagrego sus palabras en un ejército de mujeres semidesnudas que escalan por mis piernas. Entonces la desvisto mientras entierro mis manos en sus ojos que caminan, sin moverse, sin mirarme, sin hablarme; sólo es ella, estática, delante de mí, besándome con el movimiento de sus manos temblorosas. Me acercó y la huelo, tragándome los olores de su cuerpo, de su piel despeinada con pelos ensortijados que ya no están porque la cuchilla los cercenó casi de raíz, dejando un bosque de tallos muertos, enrojecidos e irritados, los mismos que lamo una y otra vez; lento, muy lento, fusionando mi lengua con su piel de canela mezclada con chocolate amarillento de mujer de caderas anchas que soportan el grosor de sus piernas robustas, como árboles japoneses temblando en el extremo más alto de la montaña de sus senos pequeños, acaramelados, relamidos, endurecidos, simétricos, aún sin el beneficio del sostén. Me mira de frente con esos ojos grandes negros que brillan porque se me da la gana y no por el capricho de la luz que los baña. Lo hace mientras su cuerpo perfectísimo —de abdomen arado en surcos musculares— me cuenta de la intermitencia de su respiración cuando yo le hablo al oído, enredándome en su cabello de rizos negros derrapados por su espalda rasguñada con sutileza por mis manos que se aferran pretendiendo atarme esclavizado a los movimientos de sus labios cuando no habla, cuando calla y permite que mi cuerpo se deslice por entre su ropa interior.

Copyright © 2009. Gabriel U.S. Derechos reservados.

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viernes 9 de octubre de 2009

Una serie de eventos afortunados

Domingo.


Once de la mañana. Junto con nosotros un grupo de personas: no más de 15. La mayoría jóvenes. Pese a nuestro afán, llegamos tarde y tuvimos que apreciar la primera parte del recital a través de la pantalla de un viejo televisor colgado de una de las paredes contiguas a la puerta de ingreso de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Terminada la primera obra, nos permitieron al acceso.

Había imaginado el lugar medio vacío, anacrónico por la abundancia de cabezas pintadas de blanco y las manos arrugadas, recogidas, una sobre la otra. No fue así. Por el contrario, el auditorio, con el ingreso de los que llegamos tarde, se llenó. Mientras reiniciaba el espectáculo musical, estuve examinando a los demás asistentes. Fue grato ver tanta gente joven, un domingo, a las once de la mañana, asistiendo a un concierto de música de cámara.

La interpretación de la inglesa Natalie Clein fue magistral. La Sonata en Re mayor para violonchelo y piano de Beethoven, descolló casi con tristeza del instrumento que Natalie abrazaba con brazos y piernas. Con ella, Katya Apekisheva, una mujer rusa, igual o más joven, dándole vida al piano, completó con sus manos el concierto. También pasaron por nuestros oídos Polonesa Brillante en do mayor (Op. 3) y la Sonata en Sol menor para violonchelo y piano (Op.65), ambas de Chopin.
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Con la última nota y la venía de la artista, el público estalló en aplausos al punto de convencerla de retomar su instrumento. Con generosidad y luego algunas palabras en inglés que muchos no entendieron, ofreció tres pequeños apartes de igual número de obras, más hermosas y tristes que las primeras.

Me quedé entonces con una musiquita de cuerdas dando vueltas en la cabeza, con unos ojos azules rebotando con impaciencia contra mis recuerdos, con un sabor dulce en la boca y el espíritu recargado de arte y lujuria de pieles blancas, voces foráneas y un bullicio de momentos que me hace creer que no todo está perdido.

Jueves.
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Seis y media de la tarde. Tres novísimos escritores esperando el momento de exponerse desnudos, con sus letras, ante el público. Un público reticente, esquivo, minoritario, que a diferencia de la sesión anterior, acudía a la Librería Café a cuenta gotas.
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A última hora y por esos motivos a los que se les suele colgar el remoquete de "fuerza mayor", Juan David Correa (periodista, escritor y actual editor de la revista Arcadia) canceló su participación. Todo estaba previsto para una noche triste, pero no fue así.
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Misteriosamente, la Librería Café había colmado su capacidad en cuestión de minutos. De la nada, luego de que Laura Valbuena y Sergio Gama leyeran y justo antes de que el Violador de musas culminara su intervención, como si lo hubiese sacado de su sombrero negro, Pablo —amigo y cómplice en las letras— llegó acompañado de Juan Claudio Lechín, un escritor boliviano muy alejado de la imagen prejuiciosa que acostumbran tener los colombianos sobre las gentes foráneas.
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Lechín, con esa sonrisa que suelen tener las niños antes de probar un bombón, sacó de su maleta un libro, su libro, y atravesó la sala esquivando piernas hasta llegar a la mesa principal. Tras el saludo de rigor, hizo una breve introducción a su lectura con un acento indefinible lleno de cordialidad con el que habló sobre la trama de su novela y la forma como el protagonista, un viejo seductor venido a menos, recurría a historias ajenas para cautivar a una jovencita.
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No había expectativa, sólo prejuicios. Nadie lo conocía, hasta que leyó un aparte de La gula del picaflor. Entonces vi los rostros de todos transfigurarse en un tumulto de expresiones de sorpresa. Esas caras no se me borrarán tan fácil, ni las palabras de Lechín y sus construcciones gramaticales recargadas de estética al mejor estilo de los novelistas del siglo XIX, pero utilizada con genialidad para narrar una historia de amor en medio de una playa peruana, en la que tiene decidida participación un colombiano buena onda con aspecto de hippie surfista.
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Todo terminó con un estruendoso aplauso y la intención de conocer mas detenidamente la obra de ese hombre alto, de pelo blanco; un boliviano con pinta de gringo viejo, de catedrático universitario, de buena vida y buena persona.

Epílogo

Lo que parecía una mañana tranquila se vistió de música y belleza. Lo mejor: la gente estuvo ahí para precenciarlo. (Reconocí entre el público a Alberto Duque López).
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Lo que parecía una velada intimista, de los amigos leyéndose entre sí, terminó en toda una lección de buenas maneras para escribir, pero sobre todo, una lección de humildad y un valdado de agua fría para los presumidos y los prejuiciosos. El sitio se llenó, pero extrañamos al mejor amigo de Pablo, el infaltable Jack.

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martes 22 de septiembre de 2009

Femenina

La noche —plácida, cómplice, sensual, lívida— me seduce y con ella se me plantan en frente unas voces que huelen a mujer, a ese tipo de mujer que tiene la capacidad de crear mundos con la palabra y volcar su interioridad sobre la hoja en blanco. Es esa expresión femenina que se proyecta por el arte de sus manos y la calidez de sus labios que emanan fragmentos de vida, convertidos en lágrima o en sonrisa, en olor a tabaco, alcohol y ropa interior diminuta, de encaje, tal vez negra, tal vez blanca.
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La suavidad de la piel sólo es una excusa para leerlas; el fulgor enardecido de sus ojos una justificación para escucharlas; la sustancia de sus cabellos de todo tipo, una causa justa para cerrar los ojos y soñarlas.
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Con la expectativa de que estas líneas sirvan de anzuelo para pescar siquiera un par de nuevos asistentes, les conmino a comparecer ante el expreso exhibicionismo de Margarita Posada, la irreverencia elocuente de Marta Orrantia, el delirio urbano de Alejandra López o la palabra atrevida de Lina Vanegas, durante la tercera sesión de Narrativa Última. Y todo para que sigamos haciendo Caterva.
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jueves 17 de septiembre de 2009

Notas de Rock Colombiano

Para aquellos que les gusta la literatura o para los que les gusta el rock o para los que disfrutan de ambos, los invito a Notas de Rock Colombiano, un evento que reune la música y la expresión escrita en un mismo recinto.
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Como invitado especial va estar presente el pionero del rock en Colombia, Arturo Astullido, fundador de los legendarios Los Flippers. Estará acompañado por Umberto Pérez, Andrés Ospina y Pablo Estrada, quienes leerán sus textos sobre rock.
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Jueves 17 de septiembre
Centro Cultural Gabriel Betancourt Mejía
Calle 73 N°14-53
5:30 p.m.
Entrada libre

Con la participación especial de:
ARTURO ASTUDILLO
en vivo con su novedosa propuesta de poesía en rock/blues.
Interpretará algunos de sus éxitos con la legendaria agrupación los Flippers en los 60 y entonará poemas actuales fusionados con rock y blues.

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martes 15 de septiembre de 2009

Frivolidades

Juanito Chubasco cuenta sus canicas antes de apostar una partida. Le parece que le faltan algunas y las anda buscando por toda la casa. Tiene tres maras, cuatro transparentes y 23 multicolor. Le faltan la roja, la verde y la blanca con líneas azules. Espera poder recuperarlas y sacarse de la cabeza a María Lechuga.
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María Lechuga es una muchachita maleducada que usa los pantalones ajustados y le gusta eructar en el comedor a la hora de la cena. Ella cree que Megan Fox es más bonita que Angelina Jolie y que Brad Pitt pudo ser cantante de country. Colecciona recortes de revistas sobre Cristiano Ronaldo y está cansada de que piensen en la escuela que todo lo consigue con su belleza.
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Belleza es lo que le falta a Andrea Limón. Ella lee un libro por semana, escribe poemas todas las noches y toma fotografías en las mañanas. Usa los pantalones anchos y odia las películas románticas. Lloró leyendo Cumbres Borrascosas y se negó a ver The Watchmen en cine. Quiere un amor de libro, pero no soporta las telenovelas. Está cansada de que nadie valore su inteligencia y se le subestime por su apariencia.
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Apariencia de hombrecito seductor tiene Ricardo Mechón. Lo cierto es que a él le fastidian las peleas de boxeo y piensa que Brad Pitt pudo ser una estrella de rock. Está convencido de que Megan Fox nunca logrará opacar a Angelina Jolie y lloró al ver a Britney Spears con la cabeza rapada. No soporta que Andrea Limón le dedique poemas y odia que María Lechuga le susurre al oído indecentes propuestas.
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Epílogo
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Juanito Chubasco perdió su apuesta. Le quedaron dos maras, una transparente y seis multicolor. Le siguen faltando la roja, la verde y la blanca con líneas azules. Tiene el corazón espichado: perdió sus canicas y a su gran amor. En medio de lágrimas desea un beso de María Lechuga, un poema de Andrea Limón y romperle la cara a Ricardo Mechón.

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miércoles 9 de septiembre de 2009

Una sentida invitación: Narrativa Última

Continuando con el impulso y el respaldo recibido durante la primera sesión, Caterva organizó para este jueves 10 de septiembre la segunda jornada de Literatura Última: lecturas de nuevos narradores colombianos, evento que se realizará en Luziernaga Café libro desde las 6:00 p.m.

Para esta ocasión tuve el honor de ser invtado a hacer parte del grupo de narradores que tendrán la oportunidad de compartir con el público asistente algo de su literatura. Para no extender más este asunto, a continuación relaciono los perfiles de los escritores que estarán presentes:
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Andrés Felipe Solano (Bogotá, 1977). Estudió Literatura en la Universidad de los Andes donde se graduó con una tesis sobre el escritor norteamericano Raymond Carver titulada ¿Has estado bebiendo? Trabajó como periodista de la revista Cromos y fue editor de crónicas de la revista SoHo. Sus artículos y crónicas han aparecido en Gatopardo, Rolling Stone, Arcadia, Semana Libros, El Espectador y Río Grande Review. Sálvame, Joe Louis es su primera novela: “Una madrugada, el hipocondríaco Boris Manrique, fotógrafo de sociales y encargado del consultorio sentimental de una mediocre revista de entretenimiento, se enfrenta a un ataque de pánico motivado por el anuncio de un noticiero: ha muerto Cornelio Zubizarreta, el hombre más longevo del mundo…”.

Ingrid P. González (Bogotá, 1990). Cuentista, cronista y algunos dicen que poeta. Ha realizado estudios sobre creación literaria en el Taller de Crónicas Barriales (2007) y en el Taller de Escritores Universidad Central (2009). Actualmente participa en el Taller Virtual de Escritores (Fundación Gilberto Alzate Avendaño y Universidad Central) mientras cursa un pregrado en la Universidad Pedagógica Nacional. Primer puesto en el concurso de ensayo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño con el tema “Literatura, cultura y paz en Colombia” (2007). Ha publicado crónicas y poesía. Ha sido invitada a diversos recitales Parte del Grupo Remington y redactora de la revista Palabrero Virtual, así como del equipo de redacción de Recitales Góticos Bogotá.


Gabriel Umaña Suárez. (Bogotá) Comunicador social y periodista de la Universidad de la Sabana con estudios en Escritura Creativa en Cuento, Crónica y Testimonio de la Pontificia Universidad Javeriana y estudios en Producción de Textos Argumentativos de la Universidad Nacional de Colombia. Hizo parte del Taller de Escritores de la Universidad Central TEUC y del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008. Confundador del grupo literario Seis Escritores y del colectivo cultural Caterva. Fue finalista del concurso nacional de cuento para egresados del TEUC en su edición 2008 e hizo parte de la antología de cuento urbano "Cenizas en el Andén" y del libro "Catalina ya no aguanta más y otros cuentos".
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Alexander Melgarejo Martínez. Director teatral, dramaturgo y escritor egresado de la Academia Superior de Artes de Bogotá ASAB. Adelantó estudios de Literatura en la Universidad Nacional de Colombia y de cine en el Instituto Internacional de Cine La Isla al Mediodía. Entre 1998 y 2003 fue director de Teatro Nero, grupo profesional adscrito al Teatro Leonardus y el Colegio Italiano Leonardo da Vinci.Entre 2004 y 2007 trabajó como investigador y redactor para Panamericana editorial, como conferencista de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y como creativo publicitario para las agencias Sancho BBDO y Low SP3. En 2005 publicó su primer libro de cuentos “Ciudad Oscura” con la editorial Domingo Atrasado. Actualmente prepara la escritura de su primera novela.
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Luziernaga Café Libro, Calle 70 # 10a-25
Quinta Camacho, Bogotá D.C.
Septiembre 10 de 2009
6:00 PM
¡ENTRADA LIBRE!

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viernes 4 de septiembre de 2009

Spoiled baby Vs. Sir blood: una pelea victoriana













Sí, yo supe de Oscarito bribón, cuando aún le mentaban Wilde. Él fue el que acudió a la estética de los sentidos con la que presumo de nigromante para raptarte y arranacarte de la tierra espernancada que me separa de tí.

Fue el mismo que le montaron el jucio del siglo por marica y que le juró la guerra a la sociedad victoriana al dejarse el pelo largo y cubrirse con su exentricidad de abrigos de piel.

A él lo dejó Florence Balcombe para casarse con Bram Stoker, el papá de Drácula. Vaya golpe que le dieron cuando conoció las dimensiones barbadas de su reemplazo.

Se construye entonces sobre el horizonte de mi pensamiento la arena en la que el hermoso Dorian se enfrenta al más poderoso de los vampiros: el chupasangre sexy contra la belleza del inmortal; la fuerza de la oscuridad de la luna llena contra la estética de las virtudes.

Los movimientos estilizados bandeándo sablazos invisibles al viento por donde pasan los murciélagos. Siglos y siglos de sensualidad de cuellos sangrantes arrastrándose como mujeres desnudas por los bosques de niebla manchada de arcoris de poema con métrica perfecta.

El poeta pintado de azul fotografiado con su sombrero de copa frente al barbudo con los pelos rojos que pudo de su puño y letra fornicar con la penumbra para dar vida a la bestia que se esconde detrás de los pantanos.

La batalla mediática la gana el espantoso Bram porque es más macho, más sexy, porque huele a vino y no a esencia de rosas. La gana porque la buena de Florence lo encontró más delicioso y menos pretencioso que el genial Oscarito, el irlandés que de niño lo vestían de mujercita porque su madre siempre deseo que su descendencia fuera una niña.

Todo hombre tiene su maricada y Oscarito debió tenerla y aún así no le importaron los desplantes de Florence —malograda en las manos de vampirulento Bram—, se casó entonces con Constance Lloyd, una de esas mujeres inglesas de ojos azules que huelen bien y presumen de buenos modales.

Nada más inmenso que el mar de fama que corre por entre los pies del vampiro, pero los engendros de la estética aún viven y no por ser pocos o amanerados permitirán que se mancille la memoria del hermoso Oscarito bribón y seguirán escribiendo incluso sobre vampiros maricones que se comen a mordiscos entre sí.

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